agencia inmobiliariaEl prototipo de agencia inmobiliaria actual, poco tiene que ver con el de las agencias inmobiliarias de los años anteriores al 2008, antes del inicio de la crisis económica y del desplome de las ventas de pisos.

En los años que van del 2008 al 2014, casi un 80% de las agencias inmobiliarias cerraron sus puertas en España y solo fueron capaces de sobrevivir las mejores inmobiliarias. Son éstas las que están comenzando a repuntar y ya comienzan a abrir nuevas oficinas.

Las exigencias con las que se encuentra una agencia inmobiliaria actual son muy altas, y solo las que sean capaces de satisfacer a un cliente exigente y con un presupuesto económico muy ajustado, serán capaces de resistir.

El requisito fundamental que ha de tener la mejor inmobiliaria es la profesionalidad. Es preciso resaltar que el cliente actual encuentra a su disposición una serie de herramientas que hace unos pocos años no existían. Se trata, sin duda, de todas las opciones que pone Internet, las tecnologías de la información y las comunicaciones al alcance de los usuarios.

Por ello, la agencia inmobiliaria tiene que ofrecer un claro valor añadido al cliente. Y este se encuentra en la formación, en el conocimiento profundo del mercado y en la especialización. La mejor inmobiliaria será aquella que cuente con personal formado, que conozca el mercado de la zona, que conozca los precios que se manejan y que pueda prestar un asesoramiento de calidad sobre temas jurídicos y financieros.

Cuando el cliente se encuentra con una agencia inmobiliaria que le ofrece el piso o el local que busca y sabe resolver sus dudas y escuchar con atención e interés sus demandas, esa agencia inmobiliaria será una buena opción para él. Y tanto más si son capaces de concertar visitas y de realizar todos los trámites administrativos en caso de compra o de alquiler.

La mejor agencia inmobiliaria debe contar con las herramientas tecnológicas adecuadas y saber manejarlas. Una base de datos bien gestionada, la presencia en la web, en las redes sociales y la correcta gestión de la relación con el cliente son fundamentales.